Según datos del FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), el consumo global de aceites vegetales de alta calidad, como el aceite de sésamo, ha crecido un 4.7% anual entre 2020 y 2023. Este aumento se debe principalmente al creciente interés por los alimentos naturales, saludables y sin procesamiento excesivo. En mercados emergentes como Latinoamérica, Asia y Europa del Este, el aceite de sésamo ya no es solo un ingrediente tradicional, sino una opción premium para cocinas modernas.
Las grandes plantas de extracción no siempre son la mejor solución para fabricantes que buscan entrar o expandirse en el mercado internacional. Una pequeña fábrica con una máquina de prensado de sésamo de 5–10 kg/h puede producir hasta 30% más rápido que una línea tradicional cuando se ajusta a pedidos personalizados. Además, los equipos compactos permiten operar con menor inversión inicial (entre $3,000 y $8,000 USD) y ofrecen mayor control sobre la calidad del producto final.
¿Por qué esto importa? Porque los compradores internacionales —desde restaurantes gourmet en Alemania hasta distribuidores de supermercados en México— valoran especialmente el control de calidad, trazabilidad y respuesta ágil a cambios de demanda. Las pequeñas empresas pueden adaptarse a pedidos especiales de empaque, variedades de sabor (frío vs. caliente) o certificaciones orgánicas sin perder tiempo ni eficiencia.
El sector alimentario está bajo presión para reducir su huella ambiental. Según el informe Green Manufacturing Trends 2024 de la Asociación Internacional de Industrias Alimentarias (IAF), el 68% de los compradores europeos prefiere proveedores que utilicen tecnologías energéticamente eficientes. Los equipos de prensado pequeño y mediano consumen hasta 40% menos energía que las líneas industriales convencionales, lo cual se traduce directamente en ahorros operativos y ventajas competitivas frente a grandes productores.
Además, el proceso de prensado en frío mantiene los niveles de antioxidantes como la sesamina, que dan al aceite un sabor más equilibrado y propiedades funcionales. Esto es clave para posicionarse como “aceite premium” en mercados como EE.UU., Canadá o Japón, donde la diferencia nutricional marca la diferencia entre éxito y fracaso.
Una empresa familiar en Colombia, con solo tres empleados y una prensa manual de sésamo, logró exportar a Emiratos Árabes Unidos en menos de 12 meses. ¿Cómo? No solo por el sabor único, sino porque ofrecieron muestras gratuitas, respondieron en menos de 24 horas y cumplieron con requisitos de certificación halal. Hoy, su producto está disponible en tiendas especializadas en Dubai y reciben pedidos mensuales de 500 litros.
Este tipo de historia no es excepción. Es la nueva normalidad para quienes entienden que el B2B global no requiere grandes inversiones, sino estrategia, agilidad y atención al detalle.
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